lunes, 28 de marzo de 2016
cavilaciones
EL UNICO DESEO ES ACABAR CON TODO DESEO
Ésa es la máxima que promueve la oscuridad
quiere acallar los miedos, las faltas
cayendo de modo definitivo
suavemente en un letargo
Ahora mismo me hallo encerrado
como horizonte, sólo tengo angustia
mi pensamiento delinea sus bordes
sin ser capaz de atravesarlos
Acostumbrado ya a este melancólico encierro
me entrego al familiar estado febril
esta inclinación me visita todas las noches
para abandonarme al llegar la vigilia
Soy tan endeble
me encuentro inerme frente al azote de estos humores
que quieren la muerte de la vida
ennegreciéndolo todo a su paso
Es en mí; sobre mí
es en mis pensamientos; sobre mis pensamientos
¿Acaso esto es lo que se siente
coquetear con la locura?
Quisiera poder poner un freno
romper la tensión;
de lograrlo, yo me volvería un místico
un yo que no es yo sino todo
puro ser o pura nada
me sobrepondría al tiempo
y al mundo
aunque en verdad, mi deseo no es tan metafísico
Simplemente quiero ser yo
pleno dueño de mí
de esta forma
viajaría a distintas emociones
manejándolas a gusto
no vendrían de nuevo fantasmas a espantarme
sonreiría más cuando estoy solo
no tendría miedo
dejaría de llorar confundido
no apretaría los dientes en frustración
temblaría de éxtasis y no de temor
Si así fuera
controlaría cómodo esta energía
en lugar de padecerla
como un esclavo
antes de dormir
noche
tras
noche
miércoles, 6 de enero de 2016
Filo-sofía
Entre tanto camino recto, cualquier desnivel es bueno.
Al menos despierta, inquieta.
El gris estático es un veneno lento, silencioso.
Apenas hay un constante mecer, uniforme, casi imperceptible, que invita a abandonar la vigilia.
Es el ensueño aquel entrelugar escapatorio: la ilusión de movimiento.
Maldito sea el pensamiento, aquel hábil simulador de todo lo que él no es. Maldito sea el arte, también.
Pensar es un engaño, soñar es un engaño. Son cadenas que parasitan los párpados, agotándolos, hundiéndolos, derribándolos.
La frialdad de la reflexión, estéril como un cadáver, representa el olvido de que se puede sentir. Aún más: se debe sentir.
Es lo único que hay, acompañado por el miedo de la certeza de la muerte.
Apelando no a una conciencia recortada, sino a una vida concreta, estas ideas obtienen realidad.
No se precisa, ni nunca se precisó, cadena argumental alguna (de nuevo las cadenas).
Quizás aquello que requiera incontables rodeos sea mentira, invención, o peor, actividad inútil. Más bien, actividad que es una anti-actividad.
Podría ser una neutralización.
Tal vez el ser no sea así, pero el ser humano es dual (hipótesis, conjetura, hilo conductor de estas palabras, no sentencia inmutable). Sólo sabe jugar con el doble filo.
Uno de los errores más grande de la historia es la concepción que sostiene que se puede tomar uno de los dos caminos. Que se puede lo bueno sin lo malo. Que se puede lo alto sin lo bajo. Incluso -se sostiene todavía hoy- que se puede la vida sin la muerte.
Error.
Nefasta necedad que inclina a la ceguera. Es el inicio originario de la reflexión: ¿Cómo puedo tener vida sin muerte? ¿Cómo se supera, cómo se vence, cómo se deja-de-sufrir?
Ante preguntas imposibles sólo se puede contestar con quimeras. Es entonces que se construyen las cadenas (por tercera vez, cadenas). No hay vergüenza más grande que la esclavitud voluntaria. Elegir los propios grilletes no los hace menos pesados.
Los relatos cobardes oprimen, enceguecen. Aquello que es evidentemente dual pasa por la severa revisión del pensamiento, que no tiene mejor idea que llevar a cabo una inversión. Juzga que es el mundo inmediato, y no él, el que miente. Por eso al sentir le incomodan las sentencias de la metafísica.
De este modo, lo que se manifiesta como dual, en REALIDAD es MONOLITICO.
El mal es la ausencia de bien. Aquél que es bueno no sufrirá, vencerá a la muerte. Toda ulterior apelación es conjurada con explicaciones agregadas.
Conforman un sistema, un edificioperfectoque se pretende perfecto, sin huecos, sin nada más que lo uno. Esta amalgama de calmantes es la mayor abominación de la historia. Y de aquí la mencionada neutralización.
La espada de doble filo resiste íntegra o nada en absoluto.
Se piensa que se puede desechar la hoja del mal, manteniendo la otra, para empuñarla firmemente contra los miedos, sin peligro de ser lastimado por el contra-filo, el filo-malo. Éste no tiene otro nombre más que nada o error. El filo-bueno ha sido, tradicionalmente, la filo-sofía. La respuesta, la única, la salvadora.
No es así.
Al modificar la espada, se destruye.
Si no hay mal, todo es para bien.
Si todo es para bien, no hay vida.
¿No es irónico que el miedo a la muerte y el afán por aferrarse al ser conduzcan a la quietud, característica fundamental de la no-vida? La neutralización. Lo gris inmóvil.
Nos duele vivir sin ser dios.
Nos duele porque sabemos su concepto -lo podemos pensar- al mismo tiempo que nos sabemos débiles, vulnerables.
Meramente comprender la posibilidad de la idea de que el mal puede no existir, y de que haya sólo bien, es desgarrador. Es terrible.
Es apenas el primer paso
el primer romper las cadenas
el primer acercamiento al nihilismo, al no-hay-dios
a reivindicar este mundo, con sus dolores, sus parcialidades y perspectivas
a poder SENTIR.
Al menos despierta, inquieta.
El gris estático es un veneno lento, silencioso.
Apenas hay un constante mecer, uniforme, casi imperceptible, que invita a abandonar la vigilia.
Es el ensueño aquel entrelugar escapatorio: la ilusión de movimiento.
Maldito sea el pensamiento, aquel hábil simulador de todo lo que él no es. Maldito sea el arte, también.
Pensar es un engaño, soñar es un engaño. Son cadenas que parasitan los párpados, agotándolos, hundiéndolos, derribándolos.
La frialdad de la reflexión, estéril como un cadáver, representa el olvido de que se puede sentir. Aún más: se debe sentir.
Es lo único que hay, acompañado por el miedo de la certeza de la muerte.
Apelando no a una conciencia recortada, sino a una vida concreta, estas ideas obtienen realidad.
No se precisa, ni nunca se precisó, cadena argumental alguna (de nuevo las cadenas).
Quizás aquello que requiera incontables rodeos sea mentira, invención, o peor, actividad inútil. Más bien, actividad que es una anti-actividad.
Podría ser una neutralización.
Tal vez el ser no sea así, pero el ser humano es dual (hipótesis, conjetura, hilo conductor de estas palabras, no sentencia inmutable). Sólo sabe jugar con el doble filo.
Uno de los errores más grande de la historia es la concepción que sostiene que se puede tomar uno de los dos caminos. Que se puede lo bueno sin lo malo. Que se puede lo alto sin lo bajo. Incluso -se sostiene todavía hoy- que se puede la vida sin la muerte.
Error.
Nefasta necedad que inclina a la ceguera. Es el inicio originario de la reflexión: ¿Cómo puedo tener vida sin muerte? ¿Cómo se supera, cómo se vence, cómo se deja-de-sufrir?
Ante preguntas imposibles sólo se puede contestar con quimeras. Es entonces que se construyen las cadenas (por tercera vez, cadenas). No hay vergüenza más grande que la esclavitud voluntaria. Elegir los propios grilletes no los hace menos pesados.
Los relatos cobardes oprimen, enceguecen. Aquello que es evidentemente dual pasa por la severa revisión del pensamiento, que no tiene mejor idea que llevar a cabo una inversión. Juzga que es el mundo inmediato, y no él, el que miente. Por eso al sentir le incomodan las sentencias de la metafísica.
De este modo, lo que se manifiesta como dual, en REALIDAD es MONOLITICO.
El mal es la ausencia de bien. Aquél que es bueno no sufrirá, vencerá a la muerte. Toda ulterior apelación es conjurada con explicaciones agregadas.
Conforman un sistema, un edificio
La espada de doble filo resiste íntegra o nada en absoluto.
Se piensa que se puede desechar la hoja del mal, manteniendo la otra, para empuñarla firmemente contra los miedos, sin peligro de ser lastimado por el contra-filo, el filo-malo. Éste no tiene otro nombre más que nada o error. El filo-bueno ha sido, tradicionalmente, la filo-sofía. La respuesta, la única, la salvadora.
No es así.
Al modificar la espada, se destruye.
Si no hay mal, todo es para bien.
Si todo es para bien, no hay vida.
¿No es irónico que el miedo a la muerte y el afán por aferrarse al ser conduzcan a la quietud, característica fundamental de la no-vida? La neutralización. Lo gris inmóvil.
Nos duele vivir sin ser dios.
Nos duele porque sabemos su concepto -lo podemos pensar- al mismo tiempo que nos sabemos débiles, vulnerables.
Meramente comprender la posibilidad de la idea de que el mal puede no existir, y de que haya sólo bien, es desgarrador. Es terrible.
Es apenas el primer paso
el primer romper las cadenas
el primer acercamiento al nihilismo, al no-hay-dios
a reivindicar este mundo, con sus dolores, sus parcialidades y perspectivas
a poder SENTIR.
miércoles, 30 de diciembre de 2015
Dormir
Las luces
apagadas. El ruido de la heladera va y viene, confundiéndose con el fondo de
pensamientos cada vez más oníricos. Divagues, qué hora es y cuánto tiempo hay
de descanso hasta mañana, algún plan que es importante no olvidar. Más
profundo, menos articulación, menos texto. ¿Se reprime durante la noche? ¿Hay
un otro que piensa, que selecciona, que recorta, decide y siente? Al volver la
conciencia sólo quedan huellas, imposible rastrearlas. Respirar. Marcar un
ritmo constante al inhalar y exhalar ayuda a conciliar el sueño. Cualquier
actividad, de hecho, mientras sea sencilla, irreflexiva y repetitiva;
irreflexiva y repetitiva; irreflexiva y repetitiva. Ser como una máquina.
Contar ovejas. Trabajar no es más que acallar la mente para dejar al cuerpo hacerse
cargo, volviendo todo un proceso fisiológico. Pero algo falla. Algo golpea,
quiere salir. El yo no está listo para apagar las luces (por más que ya lo
estén en la habitación y en toda la casa). Es un estado intermedio, tortuoso,
donde el tiempo se vuelve un río, y el transcurso de un instante no se
distingue del de una hora. Mirar el celular es hacer trampa, es abandonar dicho
lugar y decantarse por la vigilia. Flotando en la cama uno se enfrenta con lo
que realmente le pasa. Ella intentó ignorarlo varias noches, pero el silencio
la hostigaba. El aturdimiento deliberado hacía cada vez menos efecto. Un libro,
un juego, deambular y volver a intentar. Se fascinaba por su tormento. Todos
los conocimientos que poseen los seres humanos, especialmente de moléculas,
carnes y astros, y aún así somos un misterio para nosotros mismos. "¿Para
qué sirve el cuerpo si no se puede dormir?" pensaba. Pero esto ya venía
pasando desde hacía mucho, no eran ideas nuevas. Pensar en la falta también era
una costumbre para ella. La indecisión la hacía retorcerse. ¿Cómo saber si una
carencia es culpa del mundo o es propia? Para lo primero, estoicismo, y para lo
segundo, responsabilidad y acción. Lo incómodo es que el tiempo pasa aunque uno
esté estancado en sus resoluciones. Y ella ya no sabía qué hacer. Le surgían
viejos recuerdos que la hacían rabiar (indicio de que el problema sigue
fresco). Con los ojos se ve lo que está enfrente (oscuridad), y el cuerpo yace
en una cama, pero la mente ve lo que quiere ver, y está donde quiere estar.
Este querer no tiene nada que ver con la voluntad del yo, y eso es lo
desesperante. Ella estaba viéndose como en una película, noche tras noche. La
actriz era una marioneta controlada por la fantasía: a través de sus acciones
la espectadora se castigaba en la amarga reflexión de sus recuerdos. En verdad,
no era tanto una reflexión, porque esos procesos ya se habían llevado a cabo
incansablemente. El lector desinteresado podría pensar que, entonces, esto
ayudaría a dormir. Sin embargo, en este caso la repetición no hacía callar,
sino que era activa, reviviendo dolores antiguos. Lo que una vez estuvo, ya no
está más. Esta ausencia provoca una revisión de todo el pasado a la luz de ella
(irónico, la luz de una ausencia, una luz que refuerza el hecho de que eso
desapareció). Es el problema de la experiencia: altera las vivencias, y las más
de las veces las enturbia, porque con el paso del tiempo todo se muere, se
pierde o se rompe. Ella lo cuidaba. Lo que queda es la pregunta de si valió la
pena, sobre todo en noches de insomnio irresoluble. Ella lo cuidaba.
Naturalmente, lo consideraba valioso. Tal era así que incluso en su partida
ella seguía confiriéndole sustancia, aunque fuera en la forma de un hueco. Al
mantener la grieta, ella misma se agrietó, y es eso lo que duele y no deja
dormir. No fue que ella dejó de adorarlo. Si hubiera sido así, entonces no
sufriría ninguna falta. No se extraña lo que no se quiere. A ella, que cuidaba,
la abandonaron. Ya hace rato que está la luz prendida; cuando uno persigue los
problemas que lo persiguen a uno, puede despedirse de intentar conciliar la
tranquilidad. Esto lleva a la patética escena de la solitaria inacción inundada
de luz. Ahí es que la quietud de los muebles iluminados señala y acusa. De
nuevo ella, sentada en su cama, mirando vacíamente al frente, piensa: "No
puede ser tan difícil algo tan sencillo". Algo tan sencillo, cerrar los
ojos, saber qué aqueja, saber qué hacer. No puede ser tan difícil, dormir,
conocerse, actuar. Las palabras nunca podrán reemplazar a las acciones, por
mucho que inspiren. Ella, contemplando la puerta, el escritorio, está cansada
de palabras. Pero ella, moviendo sin propósito sus ojos, sus articulaciones, no
tiene la menor idea de cómo obrar, por lo que cae una vez más en el punto cero.
Ya quiso reprimir, y ya quiso rememorar. Se precisa una acción. Debía cuidarse
ella misma, y dejar de depender de su esclavo para sentirse ama. Debía dejar
ir, debía encontrar el cierre (aunque ningún cierra sea definitivo).
Luego, se
levantó de una vez de la cama, y con resolución juntó toda memoria, toda
lágrima, todo objeto del pasado que la encadenaba. Los juntó y se puso a
caminar alrededor. Los vivió, los sintió, los pensó. La adrenalina la
desbordaba. Se admitió sinceramente quién era hasta ese momento, y con firmeza
se miró al espejo, apretujando los dientes. Bañada en lágrimas se gritó quién
quería ser, y una vez éstas cayeron al pérfido montón, ella llevó a cabo la acción.
El sufrimiento y la incertidumbre encuentran su límite en el hartazgo y en el
valor. Y ella tuvo el valor.
Finalmente
apagó las luces, y exhausta, se desplomó en la cama.
Miércoles
29/07/2015, a las 2:15
domingo, 31 de mayo de 2015
Silencio
No hay paraíso. El neurótico padece su oscuridad, o se
regocija en ella. El imbécil no siente más que un simple placer confuso,
difuminado. El resto del mundo (que es algo así como un 90%) no sabe lo que son
las palabras. Son humanos, pero no hablan. Hay profundidades absolutamente
terribles, caóticas, abrumadoras. Mejor ser un ciego, mejor ser un mutilado, un
deforme, un leproso. Volverse insensible de tanto llanto, imposible de tanto
pensar. Sólo fluyen ideas, sólo fluyen esos elementos que apenas se intenta
analizar, se revelan perturbadores. Esos religiosos que ven la belleza del
diseño inteligente eligen silenciar elegantemente la fragilidad, lo pequeño,
los gritos ensordecedores, las sombras y las máscaras, la música del siglo XX,
la literatura maldita, un secuestro más, un dolor más. Vivimos en un mundo
regido por El Mal y La Locura. Querer encontrar algo que valga la pena es
estamparse la cabeza contra las paredes del universo. No hay afuera, no hay
sentido, lo cifrado no es más que una excusa, una prolongación de la cálida
niñez. Lo mejor es nunca haber nacido, y lo segundo mejor morir pronto. Y sin
embargo nadie es tan inteligente como para morir. El suicidio es visto como un
rendirse, y no como un asumirse. Si no somos nada, para qué engañarnos? La
única metafísica posible es la de la muerte, la que más habla y más calla, y
reclama subrepticiamente su justo lugar en nosotros, que nos volvemos sus
seguidores eternos. No hay nada y mi grito es absurdo, y mi palabra es absurda,
y la repetición es absurda, y el poema y el perfume son absurdos. No se puede
tener mente y cuerpo a la vez. El cuerpo se expone a la sensibilidad, pero sólo
la mente reflexiona sobre su dolor. Una manifestación de indulgencia de la
naturaleza; el animal no sufre, y el pensador sufre ilusiones vacías. Esto es
demasiado, por eso hay palabras y diccionarios, lenguajes, días y calendarios,
historias, libros, estatuas. Por eso sale el sol y la luna en intervalos
regulares, por eso la ciencia otorga cierta comodidad, por eso África está tan
lejos y nuestros pequeños problemas banales tan cerca. Un monito tonto (porque
no somos más que eso) no puede soportar, simplemente no puede soportarlo todo.
Se requiere la magnanimidad intelectual de un dios para poder lidiar con el
dolor. Es un pequeño consuelo, estar mayormente sesgados, no ver todos los
colores, no escuchar todos los sonidos, no hablar con los animales, y tener
grandes cielos de metal, y televisores que hacen que nos pongamos de acuerdo
intersubjetivamente, un nuevo olvido, mientras miro, mientras compro, mientras
río, olvido, mientras escucho no hablo, y mientras me dictan no pienso, y el
cuerpo es un conjunto de huesos, y yo soy un llanto quebrado de pensamientos
débiles insalvables. Imposible escapar, no se puede respirar. Por qué, si todos
sabemos cuál es la verdad, hacemos de cuenta que no está ahí!?
martes, 18 de noviembre de 2014
Condenados
"La biblia es el único libro que tiene sentido en occidente"
Estas palabras abren y cierran la totalidad de nuestro marco discursivo.
Oriente es como un pequeño zoológico en el que enjaulamos pensamientos extranjeros
para admirar irónicamente lo exótico
y arrojarle maní.
La gran ciudad es fruto de la tierra
que es fruto del espíritu.
No hay nada más inconcebible que desear el árbol de Dios.
No hay nada más ridículo que fingir que su conocimiento está prohibido,
cuando en realidad es imposible.
La religión domina todo,
especialmente la más sutil, la que está dentro nuestro
como un soplo que instaura un deseo.
Existe efectivamente un infierno,
allí habitan los no cristianos, valientes, fuertes
pero no lo suficiente para hacerle frente al gran universo de dolor vacío
entonces devienen salvajes, locos.
Quizás sea aún peor la sospecha altamente confirmada
de que no hay verdadero devoto.
Estamos atrapados
entre un látigo,
que nos obliga a hacer
y entre la venenosa maldición del lenguaje,
que engaña, que permite pensar algo cuando no hay nada.
¿Cómo no inventar, si la lucidez es la mayor desesperación?
Es imperativo que esto sea obra de un dios; el azar nunca sería tan cruel.
Y no es inocente que YO aparezca ahora y hable
justo después de la pregunta.
Tengo opciones, tengo caminos, tengo libertades
pero no tengo la fuerza para emprender ninguno.
Estas palabras abren y cierran la totalidad de nuestro marco discursivo.
Oriente es como un pequeño zoológico en el que enjaulamos pensamientos extranjeros
para admirar irónicamente lo exótico
y arrojarle maní.
La gran ciudad es fruto de la tierra
que es fruto del espíritu.
No hay nada más inconcebible que desear el árbol de Dios.
No hay nada más ridículo que fingir que su conocimiento está prohibido,
cuando en realidad es imposible.
La religión domina todo,
especialmente la más sutil, la que está dentro nuestro
como un soplo que instaura un deseo.
Existe efectivamente un infierno,
allí habitan los no cristianos, valientes, fuertes
pero no lo suficiente para hacerle frente al gran universo de dolor vacío
entonces devienen salvajes, locos.
Quizás sea aún peor la sospecha altamente confirmada
de que no hay verdadero devoto.
Estamos atrapados
entre un látigo,
que nos obliga a hacer
y entre la venenosa maldición del lenguaje,
que engaña, que permite pensar algo cuando no hay nada.
¿Cómo no inventar, si la lucidez es la mayor desesperación?
Es imperativo que esto sea obra de un dios; el azar nunca sería tan cruel.
Y no es inocente que YO aparezca ahora y hable
justo después de la pregunta.
Tengo opciones, tengo caminos, tengo libertades
pero no tengo la fuerza para emprender ninguno.
jueves, 13 de noviembre de 2014
Sentir, pensar
Entregué mi alma. No fue con mano temblorosa, ni era una fría noche oscura. Se dio sencillamente, como un soplo, y mis partículas se esparcieron por el aire, separándose. Hubo momentos en que parecía una buena idea, las vanas risas brillando como oro derretido.
El aquí-ahora siente, sólo el pasado piensa, y el futuro no existe ni existirá nunca. Es fácil mirar las cosas con ojos estúpidos cuando no hay problemas. Otras circunstancias y eso se vuelve imposible, no hay punto medio. Es la única dualidad existente, cuyo nombre más simple es el sí y el no. Para algunos destinos no hay solución (en ellos, la lucidez es una preciada maldición), el resto no requieren más que tiempo y palabras. ¿Quién no sonreiría todos los instantes de su vida bajo la certeza de que hay una respuesta? No importa el mundo, ningún mundo, sólo sentir en el ahora eterno. Sin razonamientos, deberes, disputas, guerras, despertares, el aquí reclama la vida entera.
Pero es muy tarde para mí (curioso, que elija hablar de tiempo), pues he sido devorado, y yo mismo me metí voluntariamente dentro de las fauces del monstruo. Sentía que si me arrojaba al abismo volaría, o caería en el cielo, por una graciosa y paradójica ironía. Cuando pasó el tiempo y pude pensar, ya estaba en la caída infinita.
Soy pedazos, cada uno de ellos es una forma distinta de entrega a los otros. El máximo sacrificio es desconocerse, oscurecerse para echar luz hacia fuera. No vale nada, pero, si lo hiciera ¿cambiaría algo? Los otros no ven más que una muerte, y aún así creen ver singulares destellos. Hay vacío, hay otros, y yo me muestro otro, y yo me finjo otro, y yo me siento otro, y yo me muero otro. Salto, grito, concedo, acepto, desaparezco, lenta e imperceptiblemente. Desearía que no hubiera sucedido. Si se pudiera pensar en el aquí-ahora. Pero no. Entregué mi alma, ahora soy para los otros, ahora soy los otros, ahora soy nadie.
El aquí-ahora siente, sólo el pasado piensa, y el futuro no existe ni existirá nunca. Es fácil mirar las cosas con ojos estúpidos cuando no hay problemas. Otras circunstancias y eso se vuelve imposible, no hay punto medio. Es la única dualidad existente, cuyo nombre más simple es el sí y el no. Para algunos destinos no hay solución (en ellos, la lucidez es una preciada maldición), el resto no requieren más que tiempo y palabras. ¿Quién no sonreiría todos los instantes de su vida bajo la certeza de que hay una respuesta? No importa el mundo, ningún mundo, sólo sentir en el ahora eterno. Sin razonamientos, deberes, disputas, guerras, despertares, el aquí reclama la vida entera.
Pero es muy tarde para mí (curioso, que elija hablar de tiempo), pues he sido devorado, y yo mismo me metí voluntariamente dentro de las fauces del monstruo. Sentía que si me arrojaba al abismo volaría, o caería en el cielo, por una graciosa y paradójica ironía. Cuando pasó el tiempo y pude pensar, ya estaba en la caída infinita.
Soy pedazos, cada uno de ellos es una forma distinta de entrega a los otros. El máximo sacrificio es desconocerse, oscurecerse para echar luz hacia fuera. No vale nada, pero, si lo hiciera ¿cambiaría algo? Los otros no ven más que una muerte, y aún así creen ver singulares destellos. Hay vacío, hay otros, y yo me muestro otro, y yo me finjo otro, y yo me siento otro, y yo me muero otro. Salto, grito, concedo, acepto, desaparezco, lenta e imperceptiblemente. Desearía que no hubiera sucedido. Si se pudiera pensar en el aquí-ahora. Pero no. Entregué mi alma, ahora soy para los otros, ahora soy los otros, ahora soy nadie.
domingo, 5 de enero de 2014
Words
Las palabras se apilan en tus ojos
empiezan trepando por tu espalda
en un ascenso caótico
Impulsadas por el tiempo
crecen con las agujas de los relojes
que giran siempre hacia el mismo lugar
como girasoles
Y una vez que las palabras son fuertes
colgando de tus hombros con el peso de la historia
se tambalean, llenas de duda
no se decantan ni por un lado ni por el otro
Son torbellinos, aguijones que pican
su veneno viaja rápido a la conciencia
y crean el cruel mundo de la interioridad
Se turban
Se exaltan
Se erigen ídolos
Se mueven
entre risas y sollozos
y ahí es cuando las ves
Llegaron.
Palabras, Palabritas, Palabrotas
Papeles, Pluma, Tintero
Voces, Bocas, Oídos
Sabios, Tontos, Mentirosos
En tus ojos se puede ver
todo el fluir de las palabras
por aquellas aguas secretas
y son hombrecitos, bichitos
que mueven montañas
son sacerdotes y verdugos
que pontifican
son nuestra verdadera carne
que no dice nada.
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