miércoles, 31 de octubre de 2012

Adolescencia


...
Nunca supe empezar nada
Ni dar sentido a las cosas
Me dicen que busque mi centro
Y sólo veo estatuas de ídolos enfurecidos
Mi mano tibia los sobrevuela
Los ignora para amar a su diosa
Que llora flores de primavera
Tirado con ella en el lecho
Quemo poesía con ojos despiertos
Y busco un azul cristalino

Continúo este juego místico que se me impuso
El sí mismo más puro en el cielo y la tierra
Vida capaz de burlar toda trampa 
Luz fulgurante que atraviesa cualquier espacio
Y me deja estaqueado
Con la piel en llamas blancas
Que fluyen por mi cuerpo como aguas
Dando una lágrima inventada por nadie
Desenlazada entre esta historia de cuerdas
Imposible hallar siquiera un argumento

Ahora es este mundo donde respiro
Hogar de cuervos y árboles
Deleitados por la quietud de estrellas
Que también son distancia oscura
Que también son esta carne
Y yo mismo soy como un río
En el que corre la imaginación
Que sin darme cuenta atravesó el miedo
Dejando al aire llenarse de dios
Y revivo libre para cantar



sábado, 20 de octubre de 2012

Jadeo, cierro los ojos, respiro

Me subyuga lo imperceptible como látigo azotador
En una habitación carente de cualquier respirar
Mi mirada es desvaída, la agitación se acrecenta
Y un frío sudor recorre este cuerpo tembloroso
Mientras, entre jadeos, me pierdo en el pensar
Sin palabra, sin rima, sin luz
Sólo el rebotar entre tambaleos
La caída del llanto
Y un aullido atraviesa el aire
Pidiendo, por favor
Un poco de tranquilidad en este mar de caos

lunes, 1 de octubre de 2012

Dame

Me ahogo en tus silencios y me someto a tu mirada, que derrama su juicio sobre mi humildad temerosa y concede mínimas cuotas de sentimiento para que yo me aferre a esa luz velada.

Yaces en el cielo que me impongo como brillo, sin saber que vives ahí arriba, aún escuchando mis cantos que ensalzan, que gritan, y lloran, y ruegan, pidiendo tu respuesta.

No estoy vivo en el tímido frío donde me escondo, me vuelvo diminuto dentro de este valle oscuro, separado de ti por la imponente montaña que divide mi alma deseosa de tus ojos.

Mi rostro persigue la ascensión donde duermes, extiendo mis manos para alcanzarte en tu morada, buscando que mires hacia abajo a este hombre-niño, con la necesidad de un poco de tierra entre todas tus nubes.

Entonces dame cada una de tus estrellas, también tu piel que alimenta mi cuerpo, desciende a la montaña y permíteme subir hasta ti, para caer en un estallido de ser.

viernes, 14 de septiembre de 2012

El hombre moral

Mientras el sol asomaba tímidamente, los duros edificios imponían un temprano Buenos Aires, que rociaba el aire con su apagado frío matinal. Unos pájaros silbaban a la vez que eran imitados por algunas personas, las pocas despiertas a esas horas inciertas. La gente dormía, los que silban son siempre repartidores de diarios, borrachos, los otros. El silencio daba lugar a la luz, los cantos al sonido reconfortante del noticiero, que anunciaba que eran las siete y cuatro de la mañana (horario normal para despertarse), que había dos grados de mínima, pero que no iba a llover.
Para la parte de deportes y espectáculo, Sebastián ya se limitaba a escuchar un murmullo que le recordaba lo solo que estaba, y al mismo tiempo le hacía compañía. De todos modos, pensamientos como éste ocurrían a un nivel subconsciente, si bien recurrentes, no parecían turbar mucho a Sebastián. Prefería usar su tiempo en trabajar, y en leer el diario en cafés porteños, en lugar de ponerse a analizar algo que él no creía existente.
Se lavó la cara, desayunó sus tostadas con mermelada, prestando atención al ruido que hacía cada vez que masticaba, y se quedó mirando la televisión, como perdido, hasta que se dio cuenta que había estado ignorando una noticia importante. Temperatura mínima dos grados, lo mejor será abrigarse, pensó.
Apagó el televisor, el breve momento de distracción había terminado. Se puso su traje y se calzó los zapatos. Se dispuso a abrir la puerta. Un momento, pensó. Volvió al comedor a agarrar una bufanda. Sonrió ligeramente por saberse prevenido contra frío.

 Al salir, Sebastián escuchó a los pájaros que seguían cantando, sin personas que los imitaran. Hacía mucho frío. La bufanda no había cambiado mucho. Miró caras conocidas del barrio, no lo saludaron porque conocían la personalidad tímida de Sebastián, y la respetaban. Con la mirada fija al piso, llegó a la boca  del subte, donde se prolongaba el abajo, y sus ojos se cuidaban de hacer coordinar los pies entre los escalones. Incluso hallaba esto divertido, poder fijar su mente en algo. Pagó un boleto, cruzó el molinete y se metió en el rejunte de olores e indiferencia. Ahora hacía calor. Se entretuvo leyendo las propagandas. Estaban arriba en los costados, y la forma en que Sebastián inclinaba  la cabeza lo hacía ver de un modo un tanto ridículo. Miró interesado un anuncio de pelucas. Ya llegando a los cuarenta, se le había empezado a caer el pelo. Recordó haber mirado la misma publicidad una semana atrás. Después de un rato, fijó su atención en un punto, esforzándose por no mirar a nadie.

Su trabajo era rutinario y no demandaba mucho. Se encargaba del papeleo en un juzgado. Bien podría estar llenando papeles de cualquier otra cosa, eso se le había  ocurrido un día sin mucho que hacer. Nunca más pensó en eso.
Era eficiente. Nada extraordinario, pero cumplía lo que le pedían, y se cuidaba mucho de no equivocarse. Le molestaba un poco que su jefe, el señor Martínez, fuera más joven que él. También le molestaba que Eva, la secretaria del señor Martínez coqueteara con él, dirigiéndose con una risita adolescente que insinuaba  pero nunca revelaba del todo. A Sebastián sólo le daba miradas cortantes, en una ocasión se rio de un chiste que hizo respecto a su jefe. Fue la única ocasión, Sebastián tiene memoria para estas cosas y recordaría si hubiera habido otra.
La hora del almuerzo la pasaba en el café de la esquina, "Los Amigos", donde siempre se pedía un tostado y un café, y se veía, justamente, con su amigo Carlos, conocido de hace muchos años. El dueño del bar, Daniel, también le resultaba agradable. Se podía decir que "Los Amigos" era uno de sus lugares favoritos, y con un nombre bastante acertado.
Al volver al juzgado, Sebastián se encontraba con que el señor Martínez traía a sus amigos, fingiendo estar trabajando pero en realidad charlando. Eran dos, un monigote de voz aguda e irritante, el Tano, le decían. El otro era Losso, tipo enorme que parecía un ropero. Este personaje lo intimidaba a la vez que le generaba repulsión. Sebastián se sentía superior, pero permitía las burlas que le hacían Martínez y sus amigotes, que lo veían como un tipo aburrido, escuálido, y sin éxito con las mujeres.

En el subte de vuelta a su casa, pensó en ese viaje, que era la repetición del primero. Pensó en el almuerzo, que era la repetición del desayuno, y en volver al juzgado, repetición de la primera vez que entró. Este tipo de ideas lo recorrían constantemente, pero no pasaban de palabras superfluas que decoraban su existencia. Para el momento en que quería profundizar, ya lo abrumaba el mundo. En este caso, el mundo era el noticiero de la tarde que sonaba en su casa, otra repetición que hablaba de las atrocidades cometidas en las calles. Las noticias no servían mucho a Sebastián, quien no salía casi a ningún lado.  Obviamente esto no lo pensó. Entre un nuevo secuestro en Castelar y una propaganda de detergente se quedó dormido. Nada fuera de lo común, generalmente despertaba para la novela, que indicaba la hora de cenar.
Se preparó unos fideos con tuco y queso. Pastas, simples pero cumple. Un poco como yo, y se sintió avergonzado de compararse con un plato de fideos. Se puso a ver la novela, la había enganchado hacía poco, pero desde cualquier capítulo se podía deducir el resto de la trama.

Desvíado de la televisión, se empezó a concentrar en un detalle que, al parecer, había pasado por alto. Sobre el sillón reposaba su portafolios, el que llevaba al trabajo. El minúsculo detalle consistía en que el portafolios parecía estar abierto. A los ojos de Sebastián, sin embargo, ésta no era una cuestión menor, ya que estaba seguro de haberlo cerrado,  como hacía todos los días al llegar del juzgado, y si estaba abierto, sólo se podía explicar con que alguien más la había abierto. Alguien aprovechó un letargo para entrar en su casa y abrir el portafolios y pasearse a sus anchas.
Como es lógico, lo primero que hizo Sebastián, luego de haber salido de su sorpresa fue ir y revisar el portafolios, para asegurarse que todo estuviera en su lugar. Lo que descubriría apenas la abriera constituiría un acontecimiento clave en la vida de Sebastián, central en este relato.

Brillantes, como observándolo, se encontraban cientos de billetes, una cantidad pocas veces vista, sólo en ofertas de hombres millonarios en alguna película. Estaban desparramados, desordenados. Sebastián los contó; había suficiente dinero para que se retirase ese mismo día y no tuviera que trabajar ninguno más.
Yacía sentado en el piso de su departamento, apilando los billetes de forma automática, con la cabeza repleta de preguntas. ¿Cómo habían llegado hasta ahí? ¿Era real lo que veía, o una ilusión? ¿Acaso serían billetes falsos? Los interrogantes no tenían fin, ni tampoco respuesta.
Contempló la pila de dinero con extrañeza, como si no pudiera pertenecer al mismo grado de realidad que él. Empezó a dilucidar el misterio, encontraría luego que sin éxito alguno. Primero se le ocurrió que podría ser consecuencia de una equivocación; habría tomado por error el portafolios de algún mafioso corrupto del juzgado. La hipótesis se derrumbaba con una inspección del contenido del portafolios. Aparte del dinero, adentro estaban sus papeles. El portafolios era suyo. Ya lo sabía. Había construido la idea por mera formalidad.

Que alguien lo hubiera puesto ahí. Su suposición inicial. Mientras dormitaba, alguien desconocido se había escabullido a su departamento para dejarle ese dinero, por razones también desconocidas. Sebastián se dedicó a revisar exhaustivamente su hogar, para hallar que todo seguía exactamente igual que antes de haberse quedado dormido. No había señales de que la puerta hubiera sido forzada, ninguna huella tampoco. La idea de que alguien le hiciera semejante regalo, pretendiendo permanecer en el anonimato, se hacía inverosímil. Pero aunque hubiera una remota posibilidad, Sebastián debía investigar a fondo hasta encontrar a este donante misterioso, pues no se permitiría recibir un regalo tan grande. Por un lado, no se sentía digno, y al mismo tiempo, no quería la lástima de nadie. Era imperativo devolver el dinero. Este pensamiento lo carcomía. Jamás se le pasó por la cabeza gastarlo en vacaciones o en mudarse a un departamento más amplio. Podría incluso comprarse todos los libros de derecho que siempre quiso, y no tendría que seguir soportando al señor Martínez. Pero no pensaba estas cosas. El único momento en el que pensó en el señor Martínez fue al hacer su tercera hipótesis, que más bien era una variante de la segunda. Se le ocurrió que si nadie había invadido su casa, entonces el dinero había estado en el portafolios desde que Sebastián se encontraba en la calle, o incluso antes. Esto le pareció extraño, ya que no recordaba haber visto el dinero al llegar a su casa y abrir el portafolios para revisar documentos de trabajo, como hacía todos los días. Pero en  esta ocasión decidió no confiar tanto en su memoria, así que prosiguió con su teoría, que señaló como sospechosos a los cuatro individuos del juzgado . El señor Martínez, con su sonrisa maliciosa, que buscaba constantemente la desgracia ajena. Sus secuaces, el Tano escurridizo y el obtuso de Losso. Y, por supuesto, Eva, tan bella y traicionera, tan mujer. No se permitió acusar a Carlos ni a Daniel, sus amigos del bar, pues ellos nunca se atreverían a causarle un mal tan grande -la responsabilidad del dinero- que representaba una culpa enorme y una decisión muy pesada para su consciencia. Era obra de un genio del mal. Si no trabajara con seres malvados, su siguiente teoría iría a estar relacionada con algún ente sobrenatural. Por suerte, la tercera hipótesis encajaba, sólo le restaba descubrir cuál de los cuatro había sido.
Del Tano no desconfió mucho; era un hombrecito pequeño y débil, en algunos sentidos como él, Sebastián, el plato de fideos. Losso era muy imbécil como para poder fraguar un plan así. Estos dos huecos se llenaban con ambos secuaces uniendo fuerzas; el Tano el cerebro y Losso la estúpida marioneta. Antes de sospechar de un plan en conjunto prefirió seguir analizando a cada uno individualmente, para pasar de lo simple a lo complejo.
Continuó y pensó en Eva, pero la descartó rápidamente. Sus batallas ocurrían en el terreno del amor y la sensualidad, ajeno completamente a Sebastián. Ella no tendría manera de llegar a él por otros medios distintos de ésos.
Finalmente, su dedo señaló al vil hombre que, según Sebastián, hacía su vida miserable. El señor Martínez disponía de las malas intenciones y del cinismo para efectuar ese plan. Meter un montón de dinero en el portafolios de Sebastián, sin que éste lo notara, para atormentarlo. Pues, lo había logrado.

Pasó la noche entera al lado los billetes, hasta que salió el sol y se hizo hora de ir a trabajar. Salió sin desayunar, sin ver el noticiero, se dirigió como una bala al subte, pensando en el señor Martínez y rechinando los dientes. Lo voy a agarrar, se dijo. Cuando me vea no podrá evitar reírse, y ahí lo voy a desenmascarar. Luego en el subte comenzó a fantasear con Martínez siendo despedido y con él acostándose con Eva en el escritorio del ex-jefe.
El subte estaba especialmente sombrío ese día, y ahí su sonrisa se fue reduciendo a medida que la idea se le venía a la cabeza. Llegó al juzgado, Eva reía por los comentarios vanidosos de Martínez, que hablaba altivo y sorbía su café. Sebastián sostenía el portafolios con firmeza. Lo miró fijo a su jefe. No obtuvo la reacción que esperaba. Estás pálido, le dijo Martínez. Y mirá tus ojeras, ¿estás bien?. Sebastián sostenía el portafolios tan fuerte, con el puño apretado, que empezó a temblar. También le rechinaban los dientes y no dejaba de mirar fijo a Martínez, el maldito Martínez, y  a Eva, la puta de Eva.
Pasaron unos segundos, que la tensión multiplicaba en apariencia. Después de un rato, Sebastián cedió al forcejeo que ocurría en su interior. Agachó la cabeza y hundió los hombros, más que de costumbre, y contentó al señor Martínez. Sí, estoy bien. Su jefe y Eva se le quedaron mirando, y Martínez le concedió un 'bueno'.

La mañana de trabajo transcurrió con normalidad. Llegó la hora del almuerzo, y Sebastián salió caminando maquinalmente hacia el bar "Los Amigos". Carlos estaba parado en la puerta esperándolo. Notó cierta turbación en su semblante y un andar desganado. Le preguntó si se encontraba bien, pero no respondía. Miraba al frente, como si hubiera sido despojado de su razón, y siguió caminando más allá del mar, aparentemente sin notarlo. Carlos decidió ignorarlo, pensando que había tenido un mal día, y conociendo el carácter extraño y reservado de Sebastián se le ocurrió que simplemente necesitaría su espacio.
Cuando hubo llegado a la avenida divisó la boca del subte y se metió acelerando un poco el paso. Atravesó el molinete y se paró en el andén. Dejó pasar unos cuatro o cinco subtes. Sus ojos quietos no miraban a ningún lugar. Pero con la llegada del siguiente subte sucedió la última repetición de la vida de Sebastián. La idea que había tenido durante el viaje de ida, esta vez hecha acto.

miércoles, 22 de agosto de 2012

La anciana en la ventana

Cuando camino por la calle, suelo notar en la ventana de algún departamento a una anciana parada, quieta, mirando hacia afuera. He visto esto varias veces y en distintas calles, pero hay una en particular que me ha llamado la atención más que las otras. Se trata de una mujer mayor que vive a unas cuadras de mi casa, razón por la cual la veo frecuentemente, ya que debo pasar por ahí para llegar a la avenida si quiero tomarme un colectivo, o pasear.
Hoy tenía que ir a un sitio, la parada del colectivo que me llevaba estaba en la avenida, por lo que tuve que pasar al lado de ese departamento, recibiendo la mirada de la mujer. Seguí mi trayecto con cierta turbación en el rostro (no importa cuántas veces pase esto, siempre me genera incomodidad) y me puse a pensar en lo triste que debía ser la vida en el punto en que lo mejor, o lo único, que se puede hacer es mirar gente y autos yendo a algún lugar.
Dada mi naturaleza curiosa e infantil, empecé a fantasear sobre este singular hecho, y se me ocurrió la posibilidad de que la señora no lo fuera realmente, sino una réplica en cartón, puesta ahí por una persona con deseos de divertirse asustando transeúntes. O tal vez habían sido colocadas ahí inspiradas bajo una intención noble; que cada uno que pasara por esa ventana pudiera ver, y así recordar, a la difunta anciana. Las ideas bromas y altares se disiparon rápidamente ante el recuerdo de la figura moviéndose, por lo que no podía ser un simple contorno de cartón de tamaño natural. Intenté, pero mi imaginación no llegaba tan lejos hasta dar con una solución que siguiera justificando mi hipótesis, por lo que descarté esta ocurrencia, y asumí que lo que veía era una persona de carne y hueso. Tomé nota en mi cabeza de algún día efectuar una broma, poner en una ventana que diera a la calle una figura humana de cartón, y ver las reacciones de la gente.
A esta altura ya me había subido al colectivo y, como estaba vacío, no ocuparon mi mente los típicos pensamientos de transporte lleno (dónde ubicarse estratégicamente para conseguir un asiento, usar la estadística, ver si alguien hace un gesto o una mirada como si se fuera a bajar). No, yo seguía pensando en la anciana. "Quizás encuentre entretenido asustar gente con su mirada fija, o quiera que jóvenes que dedican mucho tiempo a pensar en cosas inútiles se pregunten qué hace ahí", me decía a mí mismo. "Quizás esté mirando el bingo que hay enfrente, y no pueda ir más porque le prohibieron la entrada por arrancarle los pelos a otra anciana, consecuencia de una disputa", divertido, pero poco probable. "Quizás esté loca, o simplemente le guste mucho mirar por la ventana".
Al terminar el día, volvía a mi casa, ya con la cabeza pendiente de otras cosas que no vienen al caso, cuando pasé de nuevo por esa calle. Como todos los días, vi esa cara arrugada y silenciosa, vi esos ojos que me escrutaban sin decirme nada. Pasé las siguientes cuadras debatiéndome si llevar a cabo o no la idea que se me había ocurrido, para saciar mi curiosidad y dar fin a este tema, para así poder dormir tranquilo y centrarme en otras cosas, como encontrar una forma para evitar que el carnicero me moleste con su "¿Algo más?" cuando sabe que no voy a llevar nada más que lo de siempre. La solución consistía en ir a la ventana, saludar a la señora, y preguntar la pregunta. Claro que para eso había que superar la vergüenza de hablar con otro ser humano, y soportar la mirada de la gente, la de la anciana, y la que más pesa: la invisible mirada que me dice que estoy loco.
Estaba a punto de abrir la puerta del edificio cuando me di media vuelta y comencé a dirigirme con decisión firme a aquella casa, movido por una pequeña lucidez que me picaba con la pregunta "Ey, pero....¿Qué es lo peor que puede pasar?". Mientras caminaba experimentaba los nervios comunes, la sensación en la panza, el tartamudeo en el pecho que anticipaba a las palabras posiblemente tartamudeadas a la hora de hablar.
Ahí estaba. Quieto, frente a ella, dos lunáticos que se observaban separados por un vidrio. Esbocé una sonrisa que reveló mi cara de tonto, y di dos golpecitos suaves a la ventana. La mujer, que de repente mostró un semblante preocupado, se aseguró de que la ventana estuviera bien cerrada. Como apurada bajó una persiana. Se siguieron escuchando ruidos que sonaban a más medidas preventivas, ya excesivas a mi parecer. También sonaron unos leves gritos agitados e imperceptibles.
No sé si alguien había llegado a contemplar la escena, supongo que habrá sido muy extraña y algo graciosa desde afuera. Volví a mi casa fingiendo que nada había pasado y que yo era una persona normal. Lo más triste de todo es que nunca vi de nuevo a la mujer. Espero no haberle quitado una de sus distracciones, o haberla matado de un infarto.           

miércoles, 15 de agosto de 2012

Yo.

Vaya donde vaya, en cada rincón estoy yo; en los libros, en los pensamientos de mi cabeza, en tu imagen. Busco desesperadamente perderme, por eso grito y huyo, hablo y amo, porque espero que al tantear en esta oscuridad pueda aferrarme de algo que no provenga de mi cuerpo. Sino estoy desconsoladamente solo, ocupando cada espacio vacío, tomando las múltiples formas que mi imaginación se representa. Entonces miro tus ojos que me miran, escucho tus palabras que me hablan, y te contesto. Me apropio de tu mensaje, de tus ideas, de tu ser entero, y así desapareces en mí.
Ay, maldito Otro, ¿Acaso no puedes existir? Eres tan débil que te me entregas, y mi hambre no resiste a tan apetitosa oferta. Así te devoro, te asesino para poder absorberte, y te vuelvo a perseguir en otra imagen, falsa imagen, falso Otro que cuando lo nombro soy yo, y yo quiero morir. Te pido que seas luz y compañía, te pido que existas claramente para mí, te pido que me convenzas. Y si no puedes hacer esto, te pido que aunque sea me mates.

martes, 24 de julio de 2012

Búsqueda

Cuando el cemento florezca en mí, ya me habré ido
No sentiré ni la sed (la única que importa, aquella que es verde)
Y oleadas de soles desmembrados me hilvanarán en el desdoblamiento de la luz
Que es un agujero negro
Que es un pájaro sin alas, o cíclope de dos ojos,
Monstruo entre los suyos, imposible para el resto

Escucho que tengo necesidad de llenarme, lo dice mi propio cuerpo
Pero el hambre empuja hasta los bordes de la cabeza del mundo, y ahí se estanca
Pues hambre sin sed es como día sin noche;
Gigante e inútil

El aullido no ahuyenta la oscuridad,
Sólo invoca lágrimas que me sirven para desdibujarme en el tiempo
Y renegar de las palabras asesinas
Permitiéndome saltar al vacío
Contenedor del infinito que no se puede tocar con los ojos
Ni decir con las manos

El particular sonido del aquí-ahora se viste de absoluto y me engaña
Creando los sentidos, estos mismos pensamientos
Tan grabados en mi mente que no me dejan volar
Que queman mi posibilidad dentro de una ciudad terrible

Entonces no me queda nada. Sólo ella.
La cura de la desolación, cura de los muertos que están por nacer
Y flor inmóvil para las estatuas vivas
(Que caminan, que miran, que son estatuas)

Ella.
Ella cuyo nombre es deseo, y su género indefinido, de tiempo siempre futuro
Ella con un rostro que son mil espejos reflejando cada uno una luz distinta, un alma nueva
Ella que soy yo, ella que con cerrar los ojos comprende el universo entero
Ella que es esta mujer, que con sus piernas explica la desmesura
Ella que es un árbol y así permite que esto ocurra
Ella que es frío, el polvo que flota susurrando otros lugares
Ella que brilla, y grita, y corre, como cualquier estrella haría
Ella tan libre e indecible, salvadora de este mundo y acaso de otros también

Por eso te busco en la sombra, desespero de lo establecido
Huelo tu dulzor, río en el bosque primaveral
Yo dedico mi existencia entera, ingenuo devoto
Todo para encontrarte
Todo para saborearte
Todo para sanar
Todo para después morir

jueves, 12 de julio de 2012

Abismo

Mi inútil cuerpo reposando, mi vieja alma quieta en su lugar. El silencio llena la habitación de oscuridad, que me rodea la mente y la nutre. El aire otorga estatuas vacías para que obtengan vida en el mundo. Se llaman ideas, y sirven para bien poco.
Por eso no me muevo mucho, porque no tiene sentido. Cuando hace frío me reconforta el fulgor de mi propio brillo, que me salpica en espasmos de tiempo. El dolor se calma con medicina o naturaleza, y la angustia, inventando una estatua. Todo está bien.
Sin embargo no me muevo. Cada sistema tiene su falla, cada estatua su grieta. La vida no es perfecta, entonces elijo la muerte. Contemplo este defecto y noto que es un pequeño agujero que en realidad es un abismo entero, infranqueable, tenebroso. Lo miro, tan eterno, es lo único que me podría hacer mover. Ni mundo, ni placer, todo falso, solamente elijo destrucción. Ahí está la verdadera redención.
Su calor me llamaba, yo inclinaba la cabeza hacia abajo, ese abajo que deseaba con fervor, ante el cual me rendía. El universo era prácticamente nada en comparación a ese desaparecer que encantaba mis ojos, que atría hacia sí a todo mi ser.
La realidad de repente se tornó opaca, cambió a un color verde amarillento. Mis párpados cedían y lentamente me entregaba al juez absoluto, mientras gozaba de un éxtasis inexplicable. Todo comenzó a girar. Yo no lo veía, pero lo mismo lo sabía. Empezó a ausentarse el sonido, sólo restaba ese salto final para sellar mi pacto y ser uno e infinito en la eternidad.
De pronto, como saliendo de un largo trance, inclino mi cabeza hacia arriba. Recuerdo el sol, el mundo, todas esas mentiras suavemente imperfectas. Entonces sonrío, y me alejo del abismo.

miércoles, 11 de julio de 2012

Palabras para mí mismo

Yo te pido que abraces el mundo antes de que explote y sólo queden tus oídos zumbando, como esta música grave que suena y resuena.

"Estoy vivo", te dices a ti mismo. Pero todas las personas están vivas. Por lo tanto, no eres más que una persona. Entonces piensas un rato y concluyes: "Estoy vivo y tengo una esencia". Ese algo invisible, inefable, que un simple humano no posee (pues es incompatible con la comodidad de la mera existencia), cierta magia secreta que te define. No es oculta, no vaga subrepticia buscando la luz, sólo es indescriptible, pero muy fácil de sentir, de notar. Hay cosas que ni a la gente común se le escapan. Tienes alma, albergas brillo, eso es inmortal, y se te puede leer en la piel. Tus ojos expresan el universo en un lenguaje imposible que al intentarse descifrar se muestra como un juego de niños, o una baratija que se intenta vender como joya preciosa. Incluso ahora, que simplemente te hablo para que tu imperfección no te derrumbe, mis palabras suenan tan imprecisas, como torcidas. A pesar de tus gritos y llantos y miserias, debes aceptar tu vida con una sonrisa. Además, sabes que es inútil huir de ella, así como ella huye a toda definición.
Por eso te hablo, aquí, frente al espejo. Para que jamás tengas miedo de mirar al sol o hablarle a alguien, de arrojarte a los acontecimientos y vivir con ese optimismo que proviene de las profundidades de tu ser. Aprende a pensarte, atrévete a entender quién eres y así abrazarás al mundo. Así obtendrás todas las respuestas.

martes, 3 de julio de 2012

Aquí Abajo

En el cielo brilla el mundo
Pero aquí abajo el mar asola mis huesos
Que yacen atrapados bajo una montaña de piel

Nadie me mira, y no me importa la ciudad
Si los edificios gritan sangre
Si la vida se ahoga y se congela
Haciendo del tiempo nada más que un instante
Eterno en mí
Fugaz grano de arena en el universo

Y entonces, en este transcurrir
Camino las calles y siento frío
La luz blanca hace ruido en mis ojos
Aparece, desaparece

Es un niño llorando
Es la bocina de un auto
Es una gota de agua
Una
Tras
Otra
.........

Llueve en la ciudad, no me importa la ciudad
Yo seguiré aplastado

jueves, 31 de mayo de 2012

Ella

Ella viene
Y se va
A posar desde su lejanía
Ocultando lo mismo que sus labios
Revelando la mirada impredecible
Que con ojos de pájaro acaricia al mundo
Dándome el mágico arte
El hermoso arte
El putrefacto arte
Dándome su mano
Que con las cuerdas
Toca mis oídos
Embriagándolos de encanto

Ella nada
Un océano
Donde no hay que pensar
Donde la risa esquiva
Es el viento que recorre
Su propio mar tejido
Entre infiernos y vida
Que habitan en su canto silencioso
En la cadencia de lo cotidiano
Que silba tímidamente su querer
Y llora imperceptible sin razón
Porque no hay razón
Jamás fue bienvenida

Ella viene
Y se va
Yo me quiero ir con ella
Zarpar a la luna para siempre
Con las estrellas en el rostro
Y el sol en el pecho

Ella es arte
Y luego cae
Yo quiero ser en su universo

sábado, 19 de mayo de 2012

Lenguaje

Mis piernas llegan a su destino, quedan inmóviles en la tranquilidad del hogar. Sin incertidumbre, sin ambición de conquista, estáticas. En la quietud nace el momento de más arte, se dilucida la niebla de los ojos, y el frío de la noche hiela mis huesos pero enciende mi alma. Todo lo recorrido bajo el sol se condensa, los movimientos se confunden en palabras falsas, pero bellas. Surgen de un brillo como de luz, imperceptible ante cualquier mirada, que corrompe con el lenguaje indigno, e inventa la engañosa verdad. Flaquea mi mente, desolada, en un vano intento de conciliar las palabras con las cosas. Vaga errante por un mar de definiciones inexistentes en el mundo. Mira las olas de espuma y aguas heterogéneas, con ojos que realmente desean ser alas para remontar el cielo inalcanzable. Bajo la decepción de la imposible tarea, se oculta mi cabeza en el umbral que la separa a sí misma y a los verbos. Desespera y se calma en los labios cómplices, que pronuncian algo que jamás quiso decir, que nadie jamás sabrá.

 

jueves, 3 de mayo de 2012

[Incompleto]

En el espejo hay agujeros negros
Son ojos jóvenes que nunca han visto
Fuera del dulce beso del engaño
Desde donde caigo y vuelvo a empezar

Por qué, vida, me das ansiedad en el pecho
Y jadeos tartamudos en el aire
Por qué no me dejás volverme loco
Ya ando harto de esta quietud

No se pueden vomitar las tristezas
Tampoco ayudan gritos o patadas
Tarde o temprano debo admitir
Que tu nombre es un monstruo glorioso 



martes, 24 de abril de 2012

La Jaula

En la jaula no se puede caminar demasiado. Dos, tres pasos y ya hay que dar la vuelta porque se encuentran las paredes. Tampoco hay mucho espacio para respirar, ni se puede ver el sol. Una luz brillante lo reemplaza, enmascara la latente oscuridad que domina la jaula realmente. La desesperación recorre sus rincones, aspecto negativo del deseo de salir.
Aparentemente se puede vivir, aunque en un estado de agitación y melancolía permanentes. El movimiento se muestra estático, después de todo, cualquier cambio que se intente permanecerá dentro de la jaula. Los conceptos se mezclan, y cada pensamiento que se logre hilvanar es a la vez su negación. Sin embargo, incluso esta afirmación se contradice y a momentos las cosas significan, no se pierden en el humo blanco-negro que es el aire de la jaula. La misma tiene la forma de un cubo, similar a la idea que la mayoría de los lectores se debe forjar de la opresión.
Los seres que allí habitan son mágicos. Carecen de ojos, oídos, extremidades. De lo único que son capaces es de crear. Gracias a esta facultad pueden experimentar sus propias creaciones, como árboles, sonidos, personas, miel, sentimientos, incluso la jaula misma. Así es, cada uno de estos seres, que podrían ser considerados dioses, han decidido, por un consenso tácito, crear y mantener la jaula. El hecho de que siga existiendo implica que a ninguno se le ha ocurrido derrumbarla, aunque esto no es del todo cierto. Ha sido intentado como mero capricho, pero no con el legítimo uso de los poderes mágicos. Por lo tanto, nunca ha llegado a ser reconocida la idea de la destrucción de la jaula, apenas se admiten sus engaños.
La magia de estos entes lo abarca absolutamente todo dentro de la jaula, pero son desconocidos los medios para salir. Para este punto, los seres deben utilizar su cuerpo físico en ciegos intentos por resquebrajar la pared o hacer un agujero en el piso. Pero estos conceptos (agujero, pared, cuerpo físico) son invenciones mentales. No se puede destruir una idea usándola contra sí misma, se terminaría anulando.
La imposibilidad de eliminar la jaula en su totalidad, es decir, crear la nada, frustra a algunos de los dioses. Su magia es la raíz de todo, menos de la espada que pueda destruirla. La única vía es la autodestrucción, garante del fin del mundo. No hay muchos que se atrevan. Algunos continúan buscando una alternativa, la mayoría son cobardes. También están los que desconocen este problema, y los que no lo padecen, sino que dentro de la jaula mental se hacen un espacio suficiente para caminar, respirar y ser felices.            

jueves, 12 de abril de 2012

Rojo

La noche está rara hoy. El aire, como viciado, me llena los pulmones y ocupa mi mente. Tal vez no sea sólo ahora, sino que siempre haya sido así y apenas me voy dando cuenta en estos momentos. Sí, es lo más probable. Definitivamente, esta brisa huele a antigüedad.
Hay un calor en el ambiente, casi se siente en la piel. Es un rojo invisible que atraviesa al mundo y nos rodea, fruto de los hombres. Poco a poco lo voy descifrando, es un silencio, un hambre, un deseo. Todas las sombras ocultas se revelan ante la mente perceptiva.
Ahí está, a mi derecha un odio, enfrente el asesinato que jamás se llevará a cabo, a dos cuadras, por la avenida, intuyo los gritos callados de un hombre bueno. Lo veo tan claro, es la noche y nosotros la creamos. Durante el sol se ve, se camina seguro por la tierra, hasta se sonríe. Pero eso es porque nos observan, y necesitamos escapar. Con esa finalidad inventamos la noche, el reino de los pensamientos indeseables, de las negaciones, los miedos, y los imposibles.
El llanto del carnicero, la certeza de que la vida de mi vecina es aburrida y siempre lo será, las ganas de mi padre de asesinar a todo el mundo para tener un poco de paz, son ideas "malas", y puedo agregarles una característica; son rojas. El mundo, el maldito mundo está ciego, y la gente vive enferma de bondad. Yo he visto la noche y les voy a mostrar lo que es el dolor. Traeré el sol junto con las otras estrellas, estamparé sus cabezas contra la pared, y denunciaré todas sus virtudes. A quienes me ofrezcan compasión les escupiré en la cara. Les llamaré débiles moradores del día.
¡Cobardes! Los odio, pero no tanto como para querer privarlos de la bellísima guerra. Sé que no me entenderán, me pensarán como el calumniador, el asesino, sub-hombre. Pero cuando crezcan, seres humanos, lo entenderán. ¡Que viva la noche roja!

viernes, 9 de marzo de 2012

Vení para acá

Vení para acá
Te tomás el tren, o de alguna otra forma llegás en un día o dos.
Hay todo lo que ves allá, distinto, pero está. Y es hermoso.
Venite che, que está genial.
Las nubes se ven mejor. ¿Alguna vez tus ojos sólo captaron cielo? ¿De izquierda a derecha, sin edificios? ¿No? Eso pensé.
Te rodean las montañas, es imponente. Las piedras de colores, pasto, arbustos. Nieve. ¡Hay nieve en los picos de las montañas!
Cada tanto se te tapan los oídos. Te mareás, pero te acostumbrás fácil.
El cielo es otro, las estrellas son miles y hermosas. Te lo juro, por doquier y como nunca las había visto.
¿Por qué no te venís? Hay luces y edificios como allá, pero con menos veneno.
Hasta la gente te saluda, te sonríe. Si sonreís allá te miran raro.
Están los paisajes, están los hippies que venden artesanías. Está todo lo que imaginás, y todo lo que no. En serio que es real, tanto como tus dedos cuando te peinan, o como las palomas.
Ah, ¿Y sabías que casi no hay palomas? Ni gatos, muy pocos gatos. Perros hay montones, lástima que la gente de acá los maltrate tanto. Pobres.
Vení, no seas tonto. Desconocés muchas cosas, como yo, pero yo estoy acá.
Vení amigo, vení y aprendé. Después te vas, está todo bien.

Life

Mira las nubes del sol
Desde el tren que atraviesa la tierra
Mira otros cielos brillar
Vislúmbralo, nena

Con esos pies de polvo
El cuerpo entero es irrelevante
Ahora busca hacia arriba
Donde gritan los rayos gigantes

Inventa el color del camino
Que sea tibio y sin pena
Y que todo rime con algo
Deséalo, nena

Ven al atardecer en el tiempo
Refugiémonos de la tormenta
Abrázame hasta que se haga la noche
Con la blanca luna tan quieta

Aprende y enseña mi amor
Voy en este tren de la vida
Así cuando la oscuridad caiga
Nos despidamos con una sonrisa

El Señor Que Había Soportado Todas Las Penas

Nos tuvimos que refugiar en la carpa por la lluvia. El frío, mi garganta y todo eso. Cuando bajó la tormenta el estómago nos ganó y fuimos a comprar algo de comer. Unos sanguches de milanesa que nos sacaron el hambre de una forma muy satisfactoria. Ya de nuevo dentro de la carpa y con los corazones contentos nos pusimos a hablar y a reír. A medida que pasaba la comida y el tiempo se iban nuestras ganas de mantener los ojos abiertos.
Los chicos se acostaron a escuchar música, yo no tenía y estaba muy oscuro para leer, así que me ubiqué cómodamente en mi bolsa de dormir y empecé a mirar alrededor, a pensar. Me imaginé de vuelta en mi casa, con mi familia, mis amigos, con los problemas de siempre. Uh, éstos ya se quedaron dormidos, o la música es muy relajante. Qué bueno que acá adentro no haga frío ni calor, porque esta tarde el sol no nos dejaba en paz, y se sabe que a la noche el viento azota fuerte.
En lo que voy observando alrededor de la carpa y diciendo para mis adentros lo linda y espaciosa que es, diviso una silueta cerca de la ventana izquierda, o sea cerca de donde estaba yo. ¿Qué había en ese rostro que me interesaba tanto? Tal vez su melancolía, su adulta resignación después de una vida dura, o los ojos cerrados, como aplastados. Ese diminuto sombrero y la línea que descansaba todo a lo largo de sus cachetes representando su boca terminaban de atribuir una apariencia humana al pliegue de la carpa. Y un poco de luz para hacerlo resaltar de los otros potenciales hombres, que por ahora eran simples trozos de tela de la carpa.
Me lo quedo examinando un buen rato, algo así no podía permanecer tan quieto, tan desconocido. Aunque en parte era su pequeñez lo que lo iluminaba al Señor-Que-Había-Soportado-Todas-Las-Penas.
Sí, tenía nombre. Siempre lo había tenido. El sombrerito le da el título de "señor", creo. También me parece que es asiático, pero lo siento en Inglaterra, y es como si occidente entero lo hubiera atravesado para romperle los hombros. Pobre señor. Tan trabajador, tan real. Sólo una superficie doblada azarosamente dirían algunos, pero no, estaba ahí. Podría haber tomado cualquier otra forma y era así, verdadero. No era casualidad que aquella carpa tomara aquella forma en aquel momento, y que yo estuviera ahí para verlo. De alguna manera yo estaba destinado a observar al Señor, a reflexionar sobre su condición y la de todos los seres humanos, que él canalizaba en su mirada silenciosa.
Un ronquido, dos. ¿Será que mis amigos están profundamente dormidos, o a punto de despertarse? No importa. Dormidos o no, ellos jamás lograrían comprender esta existencia, tanto dolor junto es difícil de soportar, incluso si sólo se lo ve leído en las facciones de una cara. Y no es por despreciar a los chicos, simplemente sé que no lo apreciarían. Yo apenas puedo entenderlo, apenas si me levanto o cambio de posición la figura es una anciana o un sapo muy gordo. ¡Y pensar que si alguein apagara la luz, si pasara un viento fuerte, entonces el Señor desaparecería! No, no, inconcebible. Como mucho que una brisa le vuele el pequeño sombrero al moverlo, pero no más. Ya suficiente ha sufrido este hombre para que encima lo quieran borrar de la existencia.
Habría que encontrar una forma de preservarlo; una foto, un dibujo, el control total del ambiente para que no se modifique ni el más mínimo detalle, ni la luz, ni el clima, todo intacto. Pero no, todas esas ideas eran infructuosas. El Señor estaría condenado al olvido. La tela de la carpa podría ser otro rostro, alguna forma interesante, pero nunca así.
Lo miro, lo memorizo (finalmente decidí agregarle el cuello que no estaba seguro de agregar). Hablo con él en mi mente, vivo sus imágenes quietas, llora mi corazón (de alegría por haberlo visto, de tristeza por haberlo visto) y poco a poco se van cerrando mis ojos.
Al salir el sol ya hubo una serie indeterminada de cambios, pero el viento sorprendentemente no el movió ni una pestaña al Señor-Que-Había-Soportado-Todas-Las-Penas. La luz lo había deformado ligeramente, pero su melancólica esencia permanecía. Mis amigos se despertaron y luego de desperezarse, sus caras anunciaban con un gesto (nunca serían tan precisos e impecables como el Señor) que en un instante habría de llegar lo inevitable y común; la ida hacia el siguiente pueblo, la carpa guardada, la imagen del Señor destruida para siempre. Ellos estaban listos para quitar la funda, pero algo faltaba: yo. En vez de estar afuera en una punta para tirar de un lado, estaba adentro, en el rincón izquierdo junto a la ventana, con las rodillas flexionadas y en una posición defensiva pero a la vez hostil.
Mis compañeros de viaje se lo tomaron como un juego, se rieron y me dijeron que andábamos apurados, que había que tomar el próximo micro que salía. Mi expresión se mantuvo intacta y ellos lo notaron. Se miraron como confundidos y ahí se selló el inicio del conflicto. Vinieron ambos hacia mí y los rechacé con un empujón y un grito de batalla firme. La situación se repitió algunas veces más y entonces decidieron venir primero uno y después otro. Los seguía empujando, en dos tandas ahora. Se veía una situación absurda, pero luego de haber vislumbrado el rostro todo cobraba sentido y una importancia enorme. El Señor melancólico me daba fuerzas, lo hacía posible, por él lucharía con todo mi espíritu.
No eran rivales para mí, fue cuando empezaron a llegar algunas personas de las carpas próximas cuando se complicó un poco. De cualquier manera, seguía defendiendo la posición. Eran cuatro, eran cinco, pero yo dominaba. Gruñía como un animal para demostrar mi embriaguez. Seis, siete. El Señor-Que-Había-Soportado-Todas-Las-Penas merecía vivir. ¿Por qué querían destruirlo? Su imagen me animaba a seguir.
El octavo oponente sacó la soga donde se colgaba la ropa y decidió usarla como arma. Ahí cambiaron las cosas; con habilidad el hombre me enlazó los pies. Unos festejaban mientras otros descargaban golpes en mi cuerpo. Intenté zafarme pero rápidamente los puños y patadas me dejaron fuera de combate. No alcancé a ver qué hacían con el señor.
La habitación tiene las paredes de un blanco fuerte, la cama muy comfortable, y me dan tres comidas al día, son muy amables. Cada vez que pido diarios o algún tipo de papel los recibo al instante. Aunque me tome el resto de mi vida voy a seguir intentando y doblando para lograr ver ese rostro, ese rostro que he perseguido todos mis días. Una vez visto la existencia carece de sentido sin él. He de encontrarlo, he de encontrar al Señor-Que-Había-Soportado-Todas-Las-Penas.

Qué se le va a hacer (canción)

Vas a un vagón
Vas al siguiente
Este calor
Determina tu suerte

Te niegan el aire
Te niegan la carne
La cosa es así
Domina el más fuerte
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En este tren
Ya no pasa el tiempo
Hay mucha sed
Es como un infierno

Te dicen que esperes
Cinco minutos
Es la mentira
Más grande del mundo
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Acá los guardias
Se hacen los buenos
Atrás de la puerta
Te toman el pelo

Sólo te escuchan
Si tenés plata
El señor dólar
Es el que manda
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La gente grita
Pero para adentro
Vos no te quejes
Nunca es el momento

Querés pegar
Con las manos atadas
Mejor mirá
Por la ventana
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Te agarran los tipos
Te ofrecen un puesto
Para ser
De los que caguen al resto

Vos aceptás
Te volvés una rata
Pero por lo menos
No sos el que mata

(Qué se le va a hacer, che)
(Qué se le va a hacer)

Tu vieja en tanga

Ya no quiero poesía
Sólo un paisaje
Ya no voy a mirar,
Sólo sentir
Ahora no hay más mundo
Apenas universo (yo soy el universo)

Me vuelvo loco a medida
Que empiezo a sonreír
Desaparece el ser en mí
Pero nunca llega la nada

Soy el ciego que disfruta de abrir los ojos
La imaginación de los libros
Soy el monstruo sin rostro
El que asusta y entretiene
Soy un grito de libertad
Rompo las cadenas de lo real

Arte barato y felicidad
Conocimiento del dolor
La música es falsa perfección
Los cigarrillos no matan

Todo es mentira
Nadie nunca es nada
Nadie nunca es algo
Descubre la mentira; renace muriendo

Lejos de la naturaleza

Miro una hormiga. Me siento un grano de arena cada vez que miro una hormiga, o una cascada. Si me cayera de una montaña o me picaran cien avispas, poco me importaría en este momento, ya que la naturaleza puede disponer de mí como quiera. O al menos debería poder, pienso yo. La historia humana es en su totalidad un intento fallido por superar a la tierra, creando dioses, creando ciencia. Hasta ahora nunca hemos logrado nuestro objetivo de controlar el cosmos (acaso jamás lo cumpliremos). Inventamos la metafísica (gran mentira), la lógica, hasta el momento nuestro lenguaje más adecuado, pero aún así no somos lo suficientemente perfectos para cerrar un círculo, para encontrar su inicio o su final, para estar seguros aunque sea de dos cosas (de una estamos seguros, y eso es que no podemos estar seguros de nada). Tampoco somos capaces de explicar nada, cuando decimos río, la palabra ya perdió todo su significado. Esa unión arbitraria de las formas r-í-o (conocidas como erre, i o i con tilde y el círculo llamado o) no representa en absoluto el fluir del agua o la tranquilidad. En verdad, no es para nada un río, sólo lo simboliza. Miles de años intentamos encontrar un algo, un algo real, un algo a lo que aferrarnos. Y sólo encontramos los mismos símbolos que inventamos en el pasado. ¡Dios mío! Qué ínfimos y solitarios debemos sentirnos para erigir ciudades, monumentos o declarar guerras de odio, para querer significar la vida.
Ya es innegable, nos hemos escindido de la naturaleza, por lo tanto es imposible retornar a ella. Sin embargo, tampoco hemos conseguido volar por encima de los cielos y los árboles. El mundo natural ya no existe para nosotros, está ahí en cada rincón en que no estamos. Esperemos tener la voluntad y bondad suficientes para que este mundo humano no sea una injusticia oscura ni represión. Intentemos (aunque no se pueda lograr) tender al regreso a la naturaleza.

Escrito norteño

He visto la inmensidad de la tierra. Los árboles infinitos, paisajes distintos. Humo, agua, plantas, rocas, todo se une para formar esta parte tan bella del mundo. La vista atraviesa mi mente. Vi la naturaleza y por eso soy la naturaleza. Cada punto, cada color de cada rincón es una maravilla paradisíaca, un motivo de alegría.
Cuesta transmitir esta sensación, lo primero que viene es quedar boquiabierto y luego una sonrisa, después el intento de traducirlo a palabras. Lo siento imposible, es imposible, no por eso voy a dejar de escribir.
No sólo llegué para encontrar el lugar, también estoy yo para dar mi ser, para que el cielo tucumano simbolice mi libertad, junto con todo lo que yace debajo. Mucha gente se va de vacaciones por costumbre, otros viven acá y lo ven cotidiano, o algunos simplemente no están interesados. Dejando atrás lo malo del viejo yo, mejorando lo bueno, reinventándome, así es como vivo estas vacaciones, introyectando las vistas a mi alma.
Sin ciudad máquina, sin gente máquina. Sin indiferencia. La ciudad viva (llena de fuego ardiente por todos lados), las personas que toman las riendas de su destino, la constante búsqueda por mejorarme y por ser feliz. Quiero eso, eso que se llama crecer, que no empezó en el norte ni terminará aquí.
La vida me acompaña a todos lados siempre que decida pensarla. De ahora en adelante el norte estará conmigo a donde vaya, acaso lo ha estado toda mi existencia y recién en estos momentos me doy cuenta. Ojalá este camino nunca termine.

martes, 7 de febrero de 2012

26/01/2012

Miro por la ventana.....no hay nada ahí.
La noche se ha ido, pero el día todavía no ha llegado pues mi mente impide el movimiento del sol. Sólo me trae frío.
Quisiera algo en lo que creer, una pequeña verdad aunque sea, que me ayude a vivir.
Bah, miento. Sí creo en cosas, sólo que ahora mismo me siento mal y veo todo negro y ninguna palabra me hará cambiar.
¿Será que quiero estar así? ¿O debo estarlo?
Ya llevaba feliz mucho tiempo, todo lo que sube tiene que bajar, supongo. Pero ¿Cuál es la razón de que me sienta tan mal?
Las respuestas son posibles razones, puramente circunstanciales e igual de irrelevantes tanto una como todas las demás. De cualquier otra forma estaría triste.
Me derrumban cosas que antes me daban igual. Tiemblo, quiero llorar.
Por favor, quiero ponerme bien. Y no se me ocurre nada.
Me parece que voy a hacer lo que siempre hago cuando se me acaban las ideas: esperar que sea sólo una cuestión de las que pasan con el tiempo.

viernes, 20 de enero de 2012

Dialéctica

Ah, este mundo nos atraviesa como una flecha
Que nos corta la frente y nos hace sangrar
Árboles, tormentas, soles, calles
E interminables y sublimes imágenes.

Imágenes que nos aplastan, que nos sublevan
Imágenes de reyes violáceos en sus caballos-tronos
Imágenes de un castillo flotando en el humo
Y de uno falsamente verdadero

Mira la noche, padre
Tan oscura y tan brillante en tus ojos
Todo es muy claro en tu mente
Pero hasta aquí llega tu reinado

No devores las cabezas de tus hijos, padre
No les enseñes la noche como se muestra en tus ojos
Maldito Cronos, el joven Zeus crecerá para apuñalarte
Y convertirse en padre una vez más

Mira el día, Zeus
No se avecinan bellas flores ni la evolución
Sólo raíces bebé que en el futuro cíclico
Te matarán cuando hayas traicionado tu juventud

Así corre la historia del mundo
Rápida o lenta, siempre llega al mismo lugar
A veces somos padres conservadores, hijos revolucionarios
Pero el cambio simplemente nunca llega

viernes, 13 de enero de 2012

Vengo

Vengo a recuperar la locura que hace tanto lleva perdida

Vengo a mirar a la gente a los ojos

Vengo para irme

Vengo a mis hermanos que han caído

Vengo a llorar en el subte

Vengo para inventar colores; el azul Cortázar, el blanco maldad, la ciudad arcoiris y el oscuro pensar

Vengo a anunciar que vengo, y si me escuchan tal vez cumpla con más cosas

Vengo a fumar salud y a gritar silencios

Vengo para odiar a los ángeles y amar a los hombres

Vengo para reírme del terror y de paso tenerle miedo

Vengo a brillar en tus labios de luz

Vengo y sonrío a pesar de todo

Vengo a dejar de existir para empezar a vivir

Vengo a vivir porque no sé qué más hacer

Vengo a alienarme para darme cuenta que yo soy yo

Vengo a cantar a los pájaros, a los edificios

Vengo a intentar ser

Vengo para quedarme; el problema es que no quiero irme nunca.